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La contaminación acústica

ImageLa contaminación acústica es un factor medioambiental del que depende, en gran parte, nuestra calidad de vida. Aunque cada vez se escuchan más voces que se alzan en contra de la contaminación acústica y por la necesidad de tomar medidas a este respecto, la concienciación ciudadana es todavía muy escasa frente a este problema constante en la mayoría de las ciudades españolas.

El término contaminación acústica hace referencia al ruido cuando éste se considera un elemento contaminante, es decir, cuando resulta molesto y altera las condiciones normales del medio ambiente en una determinada zona. Aunque carece de ciertas características propias de otros tipos de contaminación -como un radio de acción inferior al de otros contaminantes, que no genera residuos ni se acumula o que no se propaga mediante sistemas naturales- la contaminación acústica puede producir efectos negativos en la salud de quien la padece, tanto a nivel psicológico, como auditivo y mental.


Según los últimos datos oficiales, en 2005 había en el mundo, más de 80 millones de personas expuestas a niveles de ruido superiores a 65 dB cada día; y más de 170 millones a niveles de entre 55 y 65 dB.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) fue el primer organismo internacional que señaló las consecuencias del ruido excesivo. Catalogándolo como un tipo de contaminación en el año 1972. Dos décadas más tarde, España aparecía en un informe europeo como el segundo país del mundo con mayor porcentaje de contaminación acústica, sólo superado por Japón.


Actualmente, en España, se considera que por encima de los 55 decibelios o dB, la unidad de medida del ruido, éste resulta molesto para el descanso y para la comunicación. Sin embargo, la OMS sitúa el límite en los 50 dB.



Fuentes de contaminación acústica


Las fuentes de contaminación acústica en los núcleos urbanos son múltiples y diversas, encontramos desde ciertos factores meteorológicos, al ruido generado por actividades industriales, por las obras, las de los servicios de limpieza, de la recogida de basuras,  o los producidos a consecuencia de actividades lúdicas o locales de ocio (bares, discotecas, ferias). También están las denominadas fuentes puntuales de ruido, como pueden ser las sirenas o las alarmas.


Pero, sobre todo, merece especial mención la contaminación acústica originada por el tráfico. El parque de vehículos en España ha pasado, según datos del Ministerio de Fomento, de unos 10 millones de vehículos en 1980 a 29 millones en 2006.



Niveles de ruido


1. De 10 a 30 dB es un nivel de ruido muy bajo. Por ejemplo, el rumor de las hojas de los árboles entre sí, asciende a unos 20 dB y en las bibliotecas y museos se considera que un nivel adecuado de silencio ronda los 30 dB.


2. De 30 a 50 dB es un nivel bajo. En las zonas residenciales encontramos unos 40 dB, igual que en cines y teatros; además una conversación normal se da aproximadamente a 50 dB.


3. De 55 a 75 dB es ya un nivel de ruido considerable. Por ejemplo, un aspirador en funcionamiento genera unos 65 dB. Una calle con mucho tráfico alcanza los 70 dB, igual que el tránsito por una autopista.

4. De 75 a 100 dB es un nivel alto. En un atasco hay unos 90 dB de ruido.


5. De 100 a 120 dB es un nivel muy alto. Dentro de una discoteca estamos a unos 110 dB, las taladradoras generan 120 dB, igual que el claxon de los vehículos.


6. A partir de 140 dB el oído humano entra en el umbral del dolor.



Riesgos para la salud


Padecer la contaminación acústica puede conllevar diversos riesgos para la salud.


Por un lado, aparecen los problemas fisiológicos, que van desde la pérdida de la capacidad auditiva hasta alteraciones del ritmo cardíaco (el ruido eleva en un 20% las posibilidades de infarto) y de los niveles de segregación endocrina, a problemas vasculares, dolores de cabeza y cefaleas crónicas.


Por otro lado, están las alteraciones psicológicas y de conducta, entre las que encontramos  problemas de atención y concentración, ansiedad, insomnio y alteraciones del sueño en general. Además de influir negativamente en estados de estrés, irritabilidad o agresividad. 



¿Cómo podemos controlar el ruido?


El primer paso para controlar el exceso de ruido es la concienciación ciudadana. A pesar de que algunas Comunidades Autónomas ya han lanzado campañas de información y educación que apuestan por la calidad de vida, la concienciación respecto los peligros de la contaminación acústica es todavía una asignatura pendiente en nuestra sociedad.


Además, están las técnicas que podríamos denominar como defensivas: implantar pantallas acústicas que absorben el ruido, silenciadores, materiales antivibraciones, mejorar los pavimentos de calles y carreteras, rehabilitar edificios especialmente sensibles, como pueden ser hospitales, bibliotecas, colegios o viviendas situadas en zonas ruidosas.

Más allá de las medidas técnicas y administrativas, también encontramos pequeños grandes gestos que todos podemos adoptar en el día a día, para reducir el nivel de contaminación acústica, entre los que podríamos destacar las siguientes: 

1.    Educar y enseñar a nuestros hijos a evitar los ruidos excesivos: bajar el volumen de la televisión y de la radio, hablar en un tono adecuado…

2.    Utilizar el transporte público o sencillamente ir a pie siempre que podamos.

3.    Realizar un mantenimiento correcto y frecuente de nuestros vehículos; revisando también el silenciador y la presión de los neumáticos, lo que evitará vibraciones y ruidos innecesarios.

4.    Respetar los límites de velocidad (a mayor velocidad, mayor ruido), evitar los acelerones y frenazos bruscos y sobre todo, evitar utilizar el claxon, salvo en casos realmente necesarios por motivos de seguridad.

5.    Acondicionar nuestra vivienda con materiales adecuados, instalar doble acristalamiento en las ventanas y puertas lo suficientemente robustas para impedir el paso del ruido entre estancias, etc.


Redacción: Ana Gómez de Aranda

Fuentes: www.ruidos.org. Estudios Sociales de la Obra Social La Caixa. Universidad de Extremadura.


 
 
 
 
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