En enero y febrero…
Frutas:
Mandarina
La mandarina es una de las frutas de mayor producción en el mundo, encuentra su origen en las zonas tropicales de Asia, proviniendo su nombre del color del traje que usaban los mandarines chinos. Su cultivo se introdujo en Europa en el siglo XIX.
Es el fruto del árbol llamado mandarino, de la familia de las Rutáceas y al género Citrus. En España, se clasifica en 4 grupos: Clementinas, Clemenvillas, Híbridos y Satsumas.
Su gran aporte en vitamina C la convierte en un protector contra los resfriados de esta época; además, contiene un 88% de agua, hidratos de carbono, potasio, calcio y altos niveles de fibra, entre otros, que la convierten en beneficiosa para prevenir problemas de retención de líquidos, hipertensión, colesterol, etc.
Pomelo
Aunque su origen no se conoce con exactitud, se afirman que el pomelo surgió de un cruce natural entre el naranjo dulce y el pummelo. Esta fruta, la de mayor tamaño entre las cítricas, pertenece a la familia Rutáceas y al género de los Citrus, y cuenta con diversas variedades según la tonalidad de su pulpa.
Con un particular sabor ácido, amargo y dulce, el pomelo se popularizó por su utilización en dietas para la obesidad por sus propiedades adelgazantes. Gran fuente de vitamina C, B y E, así como de potasio, magnesio, calcio, fósforo, hierro y cobre. Además de su efecto diurético favorable para casos de gota, hipertensión arterial, retención de líquidos, etc., es excelente para tratar problemas circulatorios y prevenir gripes o resfriados.
Chirimoya
La chirimoya encuentra sus orígenes en los Andes peruanos y las montañas de Ecuador, donde comenzó a crecer espontáneamente, introduciéndose en el sur de España en torno a 1757.
Proviene de un árbol caducifolio de la familia de las Anonáceas y contiene alrededor del 75% de agua, vitaminas A y C, diversos minerales, como potasio y hierro, fibra e hidratos de carbono, así como bastantes calorías debido a la cantidad de azúcar que tiene. Es beneficiosa para tratar problemas de tránsito intestinal y cardiovasculares, controlar los niveles de azúcar en sangre, anemia, hipertensión o para favorecer la formación de glóbulos rojos y blancos.
|