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La vitamina C

ImageEl término vitamina hace referencia a las aminas de la vida y, aunque no poseen función amínica, sin ellas no hay vida. La vitamina C es un nutriente esencial e imprescindible a incorporar a nuestra dieta.

La función principal de las vitaminas es regular muchos de los procesos químicos que se producen en el organismo. De manera que cada vitamina posee un papel específico. Y ya que el organismo no puede elaborar la mayoría de ellas, es esencial mantener una dieta equilibrada y unos niveles adecuados de las mismas en el organismo. 


La vitamina C es un ácido derivado de los azúcares, también denominado como ácido ascórbico. Su función principal es evitar la oxidación del organismo en los procesos metabólicos.  Es, además, la más lábil de todas las vitaminas: la más sensible a la luz, al calor, al pH alcalino… característica utilizada en la industria de la alimentación y en la restauración para conocer  el grado de agresividad de algunos tratamientos culinarios o industriales.


Resulta un nutriente esencial en nuestra dieta, ya que aunque puede ser sintetizada en la mayor parte de los organismos animales; los humanos no la sintetizamos.



¿Para qué sirve?

Es necesaria en la formación de los tejidos, favorece y aumenta la absorción del hierro y participa en la síntesis de varias hormonas y neurotransmisores. Es, como consecuencia de su acción antioxidante, un protector contra el cáncer y las afecciones cardiacas. Es coenzima en reacciones de hidroxilación (transferencia de electrones) y participa en la síntesis de colágeno.

El colágeno entre otras cosas, ayuda durante la gestación a mantener la membrana protectora que rodea al bebé, así como al mantenimiento de los huesos, la piel y las articulaciones; es fundamental para mantener la elasticidad de la piel.



Principales fuente de vitamina C

Las frutas frescas y los vegetales, como los pimientos, canónigos, col, brócoli, coliflor guisantes, tomates, patatas, frambuesas, fresas, kiwis y especialmente los cítricos, son las fuentes alimentarias con  mayor aporte de  vitamina C.

En España se recomienda ingerir una cantidad aproximada de 60 mg al día; considerándose como la máxima tolerable 2000 mg al día (2 gramos). Un consumo excesivo puede producir diarrea, trastornos gastrointestinales y cálculos renales.


Sin embargo, hay casos especiales a los que se recomienda una ingesta superior; por ejemplo, los fumadores. Las concentraciones plasmáticas de esta vitamina en el organismo de los fumadores son menores que en personas no fumadoras, por lo que los fumadores requieren un mayor aporte de vitamina C en su dieta, en concreto 35 mg más a un no fumador, es decir 95 mg al día. La razón de esta reducción en la concentración de ascórbico es el mayor estrés oxidativo de sus células y el hecho de que la vitamina C al luchar contra los radicales libres del humo del tabaco se agota con mayor facilidad.


Otro caso especial es el del embarazo, donde las necesidades de vitamina C se incrementan. Debido al entorno contaminado en el que vivimos y al estrés al que se ve sometido nuestro organismo, las embarazadas deben aumentar la ingesta de esta vitamina hasta situarla en una dosis de 1000 mg.



Usos terapéuticos

A esta vitamina se le atribuyen muchos usos terapéuticos, como son los siguientes:

Previene la ateroesclerosis, debido a que interviene en la degradación del colesterol y por ser  cofactor enzimático de un degradante de esta sustancia. Es también muy recomendable en personas con debilidad  muscular y cansancio crónico, pues fortalece los vasos sanguíneos, además de ser protector de capilares. AsImismo, es de gran ayuda como regenerador de la cicatrización de las heridas.


Al facilitar y fomentar la aceptación de hierro en el organismo, evitando los trastornos en el metabolismo de este mineral; es una recomendación muy usual en las personas con anemia ferropénica.


Una adecuada concentración de vitamina C en los tejidos aumenta la resistencia de los mismos contra trastornos infecciosos, relacionados con la regulación del sistema inmune, provocando una aceleración en la liberación de prostaglandinas E y F, que fomentan la respuesta celular.


Por último, la vitamina C previene del catarro común; aunque en la mayor parte de los casos no están claramente probados, en el instituto Linus Pauling han llegado a la determinación de que no previene el catarro común, pero sí reduce notablemente su tiempo de duración.



Redacción: Borja Sanjuanbenito, especialista en Nutrición, Dietética y Tecnología de los alimentos.





 
 
 
 
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