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Nutrición en el paciente diabético

ImageHace unos años ser diabético era estar condenado a no poder comer hidratos de carbono en general, no probar el pan, las patatas, espaguetis y, así un largo etcétera. Actualmente esto no es así, gracias a los avances y estudios nutricionales sobre la enfermedad, se ha llegado a la conclusión de que los requerimientos nutricionales para los diabéticos son los mismos que para los individuos no diabéticos. Sin embargo, lo que tiene que quedar muy claro es que la dieta para pacientes con diabetes debe contener carbohidratos complejos (cereales y patatas en la cantidad permitida y legumbres), en lugar de azúcares simples (dulces, bebidas azucaradas, bollería) para evitar la subida excesiva y rápida de glucosa en sangre después de cada comida, desestabilizando así el control metabólico del paciente.

Por tanto, la modificación dietética se basaría en la calidad de los carbohidratos y nunca en la cantidad de los mismos.


Sabemos que la persona diabética tiene elevada la glucosa en sangre (hiperglucemia) por la falta o ineficacia de insulina, hormona elaborada por nuestro páncreas, pero ¿cuáles son los valores que nos confirman que podemos padecer una diabetes?


En la práctica clínica diagnosticamos a un paciente como diabético cuando su glucemia en ayunas es mayor de 126 mg/dl (al menos en dos ocasiones) o su glucemia al azar, es decir, a cualquier hora del día en ayunas o no, es mayor de 200 mg/dl acompañada de síntomas típicos como sed excesiva, micción frecuente, comer en abundancia, pérdida de peso, etc.


Aunque esto es común para todos los diabéticos, no todas la diabetes son iguales. La base nutricional es la misma pero existen unas características fisiopatológicas que las diferencian y que dietéticamente hay que tener en cuenta a la hora de elaborar su menú.


En general, existen dos grupos de diabéticos, los diabéticos tipo I, que dependen de la insulina para sobrevivir porque no la fabrican, estos necesitan una dieta individualizada con una adecuada distribución de carbohidratos a lo largo del día para conseguir un control estable y evitar oscilaciones glucémicas. Suelen ser personas delgadas y jóvenes debido al componente genético en su aparición, y los diabéticos tipo II, que no dependen de la insulina porque la tienen pero ésta es insuficiente o funcionalmente no responde. Son aproximadamente el 90% de los diabéticos, adultos y sobre todo de edad avanzada, de los cuales, el 80% son obesos o con antecedentes de obesidad, si a esto le sumamos la falta de actividad física tenemos los factores determinantes para que estos pacientes padezcan este tipo de diabetes, teniendo la ventaja sobre los diabéticos tipo I, que con sólo una pequeña pérdida de peso, en muchos de ellos, se normalizaría la glucemia sin necesidad de prescribir fármacos hipoglucemiantes.


Esta forma de diabetes muchas veces no se diagnostica durante muchos años debido a que la hiperglucemia se desarrolla de forma gradual, sin embargo tienen mas riesgo de desarrollar complicaciones vasculares como infarto de miocardio, angina de pecho, accidentes cerebrovasculares, etc. Por todo esto, la intervención dietética en este tipo de pacientes es muy importante, aparte de tratar su obesidad, tendríamos que normalizar todas aquellas alteraciones que conlleva la misma como la elevación de lípidos (grasas) y la hipertensión que normalmente acompaña a estos pacientes consiguiendo con ello una mejora en su respuesta insulínica y en el control de la glucemia. En estos casos, las dietas bajas en calorías han sido muy útiles para mejorar la tolerancia a los hidratos de carbono, y con el aumento del consumo de fibra lograremos que controlen no sólo los niveles de glucosa en sangre sino su elevación de grasas en la misma. Por último, no hay que olvidar que la práctica de ejercicio no sólo ayudará en la regulación de sus niveles glucémicos sino que podemos conseguir evitar la toma de medicamentos hipoglucemiantes.



¿Qué tenemos en cuenta a la hora de elaborar una dieta para una persona diabética?


•    Lo primero y más importante, es que debe hacerse de forma individualizada, siempre considerando factores como actividad cotidiana, horario, tipo de trabajo y educación.

•    Debemos aportar los requerimientos calóricos suficientes para mantener el peso adecuado mediante el suministro equilibrado de carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas y minerales.

•    Tendremos en cuenta etapas de la vida como crecimiento, pubertad, embarazo o lactancia para satisfacer las necesidades complementarias que necesiten.

•    Modificaremos la dieta cuando sea necesario para adaptarla a las posibles complicaciones asociadas a la diabetes como la hipertensión, hiperlipemia e insuficiencia renal.
 

 
 
 
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