La terapia con delfines o delfinoterapia, que viene estudiándose desde alrededor de los años 50, ha despertado un gran interés en la sociedad durante los últimos años, asignándole incluso, en ocasiones, efectos curativos, pero ¿qué hay de cierto en los beneficios otorgados a esta interacción con delfines?
La zooterapia, conocida desde la Antigüedad, incluye las técnicas en las que se involucra a los animales en la rehabilitación o tratamiento de determinadas enfermedades o alteraciones humanas, tanto físicas como psíquicas, sensoriales, sociales o del comportamiento. Habitualmente, es practicada con caballos, perros o delfines, siendo estos últimos uno de los animales preferidos tanto por pequeños como por mayores ya que, además de destacar por su inteligencia, son sociables, entrañables y juguetones, y es que ¿a quién no le gustaría darse un baño con estos adorables mamíferos?
Un poco de Historia…
Ya los griegos optaron por los delfines como los animales consagrados al Oráculo de Delfos, un gran recinto sagrado dedicado principalmente a Apolo, dios de la luz y el sol, la medicina y la curación, entre otros. Era tal la adoración de los griegos por estos cetáceos que llegaron a recibir una protección equiparable a la otorgada a los dioses.
A principios de los años 50, el norteamericano John Lilly descubrió que los delfines podían ejercer una positiva y poderosa influencia sobre la mente humana. Posteriormente, hace unos treinta años, los doctores Horace Dobbs y David Nathanson, en Escocia y Florida respectivamente, comenzaron a estudiar su efecto en personas con padecimientos emocionales, síndrome de Down y autismo, lo que dio lugar a la delfinoterapia tal como la conocemos actualmente.
¿En qué consiste la delfinoterapia?
Tras catorce años de experiencia desarrollando la delfinoterapia, el delfinario de Aqualand Costa Adeje, en Tenerife, se ha convertido en un referente internacional de esta terapia aplicada a la discapacidad con rigor y metodología, reconociéndose así, tanto a nivel nacional como fuera de nuestro país, en el entorno médico-terapéutico, de la Educación Especial y Ocupacional.
Este programa, desarrollado con gran éxito, de forma altruista y gratuita, haciéndolo más accesible a la gente que realmente lo necesita, nació “por un tema personal, por motivación moral de nuestra profesión, de hacer algo más que saltitos con los delfines, y por un compromiso ético con la sociedad, de dar algo a un grupo marginado como es el colectivo social de las discapacidades”, afirma José Luis Barbero, Director Técnico de este delfinario.
Al hablar de trabajo con discapacitados, se puede incluir a una amplia colectividad de personas con una gran variedad de diagnósticos, los cuales pueden prescribir diferentes tipos de alteraciones físicas o psíquicas. Así, su objetivo terapéutico se encuentra en ofrecer un campo nuevo y diferente de trabajo a los especialistas de la salud y de la educación especial, por lo que los programas aplicados a los pacientes son los mismos que los expertos emplean en sus centros, con la excepción del entorno, es decir, del delfinario, el medio acuático y los delfines; pretendiendo crear un ambiente “lúdico-terapéutico” que facilite la aplicación de las técnicas terapéuticas.
La delfinoterapia no debe realizarse ajena a un tratamiento científico, sino que debe complementar el trabajo de otros especialistas, ayudando así a apoyar y reforzar sus objetivos
Para poder llevarse a cabo, en el programa diferenciamos dos modalidades de terapia: la reglada, establecida para los pacientes que residen en las Islas Canarias, con programas que tienen una duración previa de entre 6 meses y 2 años, pudiendo ampliarse estos plazos dependiendo de la evolución del paciente; y la ocasional, dirigida a personas de otras zonas geográficas, por lo que las sesiones se limitan a periodos de una o dos veces por año, con una duración de entre 15 y 20 días. A través de la formalización de un convenio de colaboración con la asociación Orobal (Asociación de Padres de Disminuidos Físicos y Psíquicos) el programa mantiene unos criterios serios y formales, estableciendo así un comité técnico con el objetivo de desarrollar un protocolo de normas, unos parámetros de trabajo y un análisis en la selección de participación.
Estas sesiones no consisten en meter a los niños en una piscina con defines, como ocurre en otros lugares, ajenos a un tratamiento científico e incluso a la seguridad, sino que sirven para complementar el trabajo de otros especialistas, ayudando a apoyar y reforzar sus objetivos. Así, los entrenadores son los encargados de dirigir la interacción entre el niño y el delfín, responsabilizándose de la seguridad de ambos, y de recibir las instrucciones, recomendaciones y sugerencias de los especialistas de la salud o profesores de educación especial, también presentes en la sesión, que deberán realizar informes de evaluación trimestrales de cada paciente.
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