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Actitud responsable ante los desastres naturales

ImageA pesar de la labor internacional, los desastres naturales se suceden ante la mirada televisiva y ajena de una población acomodada. La biosfera, escenario vital de nuestro Planeta azul, parece haberse rebelado en los últimos tiempos.

El año próximo se cumplirán 20 años desde que la Asamblea General de la ONU designó el segundo miércoles de octubre como Día Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales como medio de promover una cultura mundial de reducción de los desastres naturales y prevención ante los mismos.


La oficina de Estrategia de la ONU para la Reducción de Desastres (ISDR) indicó, en su informe sobre el 2007, que la cifra de damnificados por desastres naturales ascendió a 200 millones de personas frente a los 135 millones del 2006. Las inundaciones, con 160 millones de afectados, fueron la causa más devastadora.


La ISDR destacó que de nuevo son los países pobres los que sufrieron el mayor impacto de las catástrofes. Sin lugar a dudas el continente asiático ha sido el más afectado, encabezando Bangladesh, India, Corea del Norte y China la lista de las naciones más perjudicadas.


Frente a los 74.000 muertos de promedio entre el 2000 y el 2006, el pasado año fallecieron algo más 16.000 personas. Las alrededor de 270.000 muertes, provocadas por el  tsunami que azotó las costas del Océano Índico el 26 de diciembre del 2004, y las 70.000 pérdidas humanas del terremoto de Pakistán durante la noche del 8 de octubre del 2005, hablan por sí solas de la magnitud del problema al que nos estamos refiriendo. Terremotos, tsunamis, inundaciones, huracanes, ciclones, tifones, tornados, sequías, granizadas, olas de frío o de calor, temporales de invierno… Cada año son millones los afectados y las reacciones del observador varían desde la implicación directa a la más absoluta indiferencia.


A pesar de la labor internacional, los desastres naturales se suceden ante la mirada televisiva y ajena de una población acomodada. La biosfera, escenario vital de nuestro Planeta azul, parece haberse rebelado en los últimos tiempos.


En el ámbito científico nos encontramos con versiones de lo más variopintas, casi siempre a expensas de la cobertura y tergiversación de muchos medios de comunicación. En boca de tertulianos televisivos desinformados pululan temas medioambientales tratados con escaso rigor. El alarmismo sensacionalista o un talante tranquilizador no suelen dejar espacio a un análisis veraz de la situación… pero no cabe duda de que nuestro Planeta comienza a resentirse. La realidad es que, más bien, nada podemos hacer frente al movimiento de las placas tectónicas causantes de terremotos y tsunamis. A la vez, es un hecho que el calentamiento del Planeta responde a una irresponsable actuación humana, aunque parece necesario señalar que hay mar de fondo en este tema.


Por un lado, se ha demostrado que la temperatura planetaria está relacionada con el número de manchas solares. Baste ahora con recordar el llamado “mínimo de Maunder”, periodo comprendido entre 1645 y 1715: las escasas manchas solares produjeron los años más fríos de “la pequeña edad de hielo”, situada entre mediados del XIV y principios del XIX. Por otro, durante las últimas décadas, se ha podido comprobar que las corrientes transoceánicas constituyen uno de los factores más determinantes del cambio climático planetario. Las corrientes marinas trasladan aguas calientes del trópico a latitudes más elevadas, completando un circuito bien definido. Una hipótesis reciente explica que el empuje del agua dulce derretida de los polos -consecuencia del calentamiento global- puede interferir en el curso de las corrientes transoceánicas, llegando incluso a frenarlas. De ser así, el resultado sería sorprendente y paradójico: al no llegar aguas cálidas al polo, éste se enfriaría paulatinamente provocando un descenso global en las temperaturas.


Conocer el porcentaje de responsabilidad de los distintos elementos implicados parece clave a la hora de valorar el estado de la cuestión. A día de hoy la evaluación de las diversas variables carece de la exactitud necesaria para obtener conclusiones contundentes.

 

 
 
 
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