El considerado el mamífero carnívoro más grande de la Tierra, el oso polar, carecía de enemigos que pusiesen en riesgo la supervivencia de la especie. Sin embargo, actualmente, la situación es bastante preocupante, ya que tanto el hombre como el cambio climático están acabando con su hábitat y han introducido al oso polar en la Lista Roja de especies amenazadas.
Adaptaciones al clima
Los orígenes del oso polar u oso blanco se remontan unos 200 mil años atrás, cuando los glaciares cubrían Europa y Asia, y el Océano Ártico estaba congelado. Así, los osos pardos vagaban por las heladas costas del norte en busca de comida, hasta que descubrieron un nuevo alimento: las focas; apareciendo en Eurasia, finalmente, una nueva especie que se distribuiría por todo el Ártico y que contaba con una cabeza y hocico más alargados, dientes más pequeños e irregulares para desgarrar mejor a las focas y un pelaje blanco para confundirse con el entorno. Esta hipótesis está confirmada por estudios moleculares que muestran más similitudes genéticas entre el oso pardo y el polar, que entre los primeros y otros osos pardos.
El imponente oso blanco vive en el medio polar y zonas heladas, es decir, en el conocido círculo Ártico y en algunas zonas más al sur, como las cercanas a Canadá o Alaska, abarcando así su hábitat el Océano Ártico y una parte de Canadá, Dinamarca, Alaska, Noruega…
Además de por su perfil, más alargado que el de otros osos, éste cuenta con unas patas más desarrolladas para caminar y nadar grandes distancias, una cola y orejas más pequeñas para mantener mejor el calor corporal, piel oscura o negra para atraer la radiación solar, garras afiladas y curvadas para agarrarse al hielo, y un denso pelaje y una gruesa capa de grasa subcutánea, de entre 10 y 15 centímetros, utilizada como reserva energética para temporadas en las que el alimento sea escaso. Aunque éstos no hibernan, las hembras sí suelen excavar un refugio bajo el hielo en invierno para tener a sus crías. El peso de los osos blancos varía dependiendo del sexo y del animal, habiéndose encontrado excepcionalmente ejemplares de 950 kg o que llegaron a superar los 1.000 kg, pero el peso medio se sitúa en unos 500 kg para los machos y unos 300 kg para las hembras. En cuanto a sus hábitos alimenticios, hay que destacar que, aunque también comen una pequeña parte de vegetales, su dieta se basa principalmente en las focas, alimentándose también de algunas ballenas, aves marinas o peces, entre otros animales.
En peligro…
La mayor amenaza para el oso polar es, sin lugar a dudas, el hombre. Antiguamente, eran cazados por los esquimales y por otros pueblos que vivían en su entorno, tanto por su carne, como por deporte y para evitar que entraran en los poblados. Esta caza masiva puso a la especie en peligro, situándola al borde de la extinción, por lo que acabó prohibiéndose. Sin embargo, el número de osos blancos ha disminuido drásticamente en las últimas décadas, debido, básicamente, a amenazas más modernas, como el deshielo del Ártico, la contaminación o el impacto de las extracciones petroleras. Por ello, La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) los incluyó en su Lista Roja de especies amenazadas en el año 2006. Asimismo, los efectos del cambio climático han empezado a alarmar a los expertos y a la población en general, ya que recientes estudios afirman que el Ártico podría quedarse sin hielo en 2030, o incluso antes. La mayor preocupación acerca de las consecuencias del calentamiento global en los osos polares es la pérdida de hábitats, lo que aumentará la interacción entre osos y humanos, y los cambios en el hábitat de hielo marino. Además tendrán más dificultades para acercarse y capturar a sus presas, encontrarán menos áreas para sus madrigueras, disminuyendo también la supervivencia de los cachorros y la tasa de supervivencia de la especie en general, haciendo que el futuro de los osos polares sea más negro que nunca.
En cambio, son varios los acuerdos y organismos internacionales que trabajan para proteger la especie; ya en 1973, Canadá, Estados Unidos, Dinamarca, Noruega y la ex Yugoslavia firmaron el Acuerdo Internacional sobre la Conservación de los Osos Polares y de su Hábitat. Además, en la parte más septentrional de Rusia, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo colabora con las comunidades locales para proteger las zonas en las que habita, y la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies amenazadas de Fauna y Flora silvestres, ratificada por más de 150 países, prohíbe el comercio internacional del oso polar desde 1975.
A pesar de estas medidas, el futuro de esta especie ya está aquí y no es nada esperanzador: escasez de alimento, disminución de su hábitat, menor tasa reproductiva, aumento del canibalismo y una drástica reducción de su población, son las consecuencias más llamativas, pero… ¿podrán adaptarse los osos polares a una nueva vida en tierra firme sin la presencia de hielo?
Fuentes: www.consumer.es, www.actionbioscience.org Redacción: Silvia Paredes.
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