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Nuevas amenazas y retos
En las últimas décadas se han sumado problemas: reducción y desaparición de sus fuentes de alimentación, molestias en áreas de cría por el ruido de avionetas, barcos con turistas y exploraciones industriales. En los 70 surgió la puntilla: la pesca industrial de almejas. Esta industria puede ser un implacable competidor para un animal acostumbrado a comer cada día 27 kilos de almejas.
Además, científicos y conservacionistas han alzado la voz ante la gravedad de dos problemas globales de reciente aparición: la contaminación de su hábitat por sustancias tóxicas y el cambio climático. Al igual que otras especies árticas, las morsas también padecen niveles crecientes de contaminación por pesticidas. La contaminación por tóxicos ataca a su cuerpo y el cambio climático amenaza su hogar: el cambio climático provocará en este siglo aumentos en la temperatura media de entre 1’6 y 4ºC. La superficie ártica de hielo permanente se ha reducido en un 20% desde 1978; este ecosistema pierde un 7,4% de su hielo por década. En septiembre de 2008, los científicos anunciaban que el metano (gas con mucha mayor contribución al efecto invernadero que el CO2 y que fue almacenado hace miles de años en el hielo ártico) está empezando a liberarse, más rápido de lo previsto.
Las morsas aprovechan las placas de hielo a la deriva para descansar, parir y mudar; para ello, éstas deben tener un grosor superior a 60 cm que asegure que soportará su peso. Las morsas se están viendo obligadas a desplazar sus zonas de cría más al Norte, alejándose de los esquimales, que dependen de ellas para su subsistencia, lo que conllevará un aumento de la presión de caza hacia las más rezagadas. Además, al reducirse las placas de hielo algunas morsas van a encontrar dificultades a la hora de sacar adelante a sus crías, gastarán más energía para recorrer las mismas distancias y al pasar más tiempo nadando y en tierra firme van a ser más vulnerables a los ataques de orcas y osos polares.
Pieza clave en la dinámica polar
Gracias a la prohibición del comercio de su marfil, algunas poblaciones se recuperan, como la del Pacífico, pero a pesar de que aquí aún mantiene niveles poblacionales fuera del riesgo de desaparición y de que la UICN la considera en “Bajo Riesgo”, habría que actualizar el estatus de poblaciones (sin revisar desde 1996), como las morsas siberianas y atlánticas de Groenlandia. Según WWF Dinamarca, estas poblaciones deberían estar en la categoría de “En Peligro” o “En Peligro Crítico”. La tasa de renovación de la especie es baja, el desarrollo de sus crías lento y su madurez sexual tardía, las cuotas de caza propuestas empiezan a ser insostenibles y sobre la especie y su hábitat planean nuevas amenazas globales.
Tanto por su enorme biomasa, como por su importante papel en la oxigenación del lecho marino, la morsa ocupa un nicho ecológico irreemplazable. Al consumir gran cantidad de invertebrados enterrados en el fondo marino, nuestra protagonista remueve ingentes cantidades de sedimento. Con sus hozadas facilita la aireación, la oxigenación, la descomposición y el reciclaje de miles de toneladas de minerales y restos orgánicos que, de otra forma, y en un medio tan frío se verían arrastrados a una acumulación subterránea difícilmente aprovechada por la cadena trófica. La morsa contribuye así a reducir la insalubridad por acumulación de sustancias tóxicas y organoclorados. Además de un aliado natural, continúa siendo el sustento principal para comunidades de aborígenes que no pueden permitirse el declive de sus poblaciones. Las próximas décadas serán claves para el pinnípedo y para todos aquellos que respetan y aprecian a los grandes hielos del Ártico, un ecosistema único del que depende el futuro de la Humanidad.
La Morsa y WWF
Varias delegaciones de WWF colaboran con la mayoría de países de su área de distribución realizando estudios de campo y seguimiento de sus poblaciones. Como las oficinas de WWF Canadá y WWF Estados Unidos, que trabajan con el COSEWIC de Canadá y el U.S. Fish & Wildlife Services en el seguimiento de las poblaciones de morsas pacíficas y atlánticas. Desde 2003, WWF Dinamarca estudia la situación de las especies bandera del ártico groenlandés (oso polar, narval, beluga y morsa), analizando el impacto del manejo de sus poblaciones y la calidad de su hábitat.
Su Programa Ártico, su oficina en la ecorregión del Mar de Bering y las oficinas nacionales de WWF Noruega y WWF Estados Unidos, analizan el impacto de los tóxicos y proporcionan asesoramiento a los aborígenes de Alaska y Chukotka para que exploten sus recursos marinos de forma sostenible. WWF lucha por consolidar acuerdos internacionales, como el Protocolo de Kyoto y la implantación en Europa de una nueva legislación REACH, que mejore la seguridad de las sustancias tóxicas que producimos. Finalmente, mediante su red Traffic, controla el comercio del marfil de sus colmillos y financia las actividades y reuniones del Grupo de Especialistas en Focas de la UICN encargado de evaluar la situación de la especie.
Redacción: Isaac Vega
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