Desierto y mar, nieve y bahíatierra de contrasteses la provincia de Almería En un enclave único del Mediterráneo, entre el parque natural de Sierra Nevada y la huerta murciana, se encuentra uno de los últimos rincones europeos capaz de sorprender al intrépido viajero deseoso de descubrir parajes singulares
El nombre de Almería procede del árabe andalusí al-mariyya, que significa mirador o vigía, importante enclave marítimo a lo largo de los siglos, actualmente se abre al visitante mostrándole sus encantos naturales, sociales y gastronómicos.
Desde La Alpujarra almeriense, tierra íntimamente ligada a su pasado árabe, siendo el último hogar en la península del último Rey Nazarí Boabdil "El Chico", que sólo supo secar sus lágrimas por la pérdida de Granada cuando llegó a estas tierras en 1.492, pasando por el desierto de Tabernas, único desierto de Europa y testigo de múltiples largometrajes de Hollywood, hasta la comarca de los Vélez, con sus blancos castillos y riqueza arqueológica, encontrándose aquí la cueva de Los Letreros, lugar donde aparece la pintura rupestre del Indalo, símbolo de Almería, se nos abre un exótico mundo de rincones únicos para el deleite del turista.
El parque de Cabo de Gato, de origen volcánico, es el espacio protegido marítimo-terrestre de mayor superficie y relevancia ecológica de todo el Mediterráneo Occidental europeo Aunque la joya de la corona almeriense es sin duda el parque natural de Cabo de Gata y sus virginales playas que han conseguido sobrevivir al desenfreno urbanístico que ha sufrido el litoral mediterráneo. El parque, de origen volcánico, es el espacio protegido marítimo-terrestre de mayor superficie y relevancia ecológica de todo el Mediterráneo Occidental europeo. Con una de las franjas costeras de mayor belleza y riqueza ecológica del Mediterráneo occidental y una extensión de 38.000 has, a las que hay que sumar una franja marina de una milla de anchura (12.000 has), el Parque Natural de Cabo de Gata se ha convertido en una de las joyas naturales para el turismo de Almería, de Andalucía y de toda España.
Al caminar por sus áridos dominios el viajero podrá observar su gran biodiversidad en fauna y flora. Así observará el elegante vuelo de flamencos, garcetas y búhos reales y podrá disfrutar de una flora única, como el azufaifo, un arbusto espinoso que sólo en este parque aparece de forma natural y el palmito que es la única palmera autóctona europea. Aunque el mayor tesoro se encuentra en las profundidades del Mediterráneo, lo que a la vista de un ojo inexperto sería sólo agua se convierte en una sinfonía de colores y formas ya que el parque contiene en sus fondos marinos interminables praderas de posidonias y corales rodeados de erizos, estrellas, meros y morenas que nos evocan la riqueza y diversidad ambiental que en la Antigüedad tuvo todo el mar Mediterráneo.
Para los amantes del senderismo, nada mejor que observar el dorado atardecer almeriense rodeados de un amplio legado histórico. Tras la dominación musulmana, el Cabo de Gata se convirtió en frontera entre continentes y civilizaciones en continua disputa por la supremacía del Mediterráneo. Para frenar la avalancha de corsarios norteafricanos, desde la segunda mitad del s. XVI se iniciaría la construcción de una serie de edificaciones de carácter militar para la defensa del litoral, que por avatares de la historia, no se completaría hasta el s. XVIII. El patrimonio arquitectónico resultante del mencionado sistema defensivo ha llegado hasta nuestros días en deficientes condiciones pero aún se puede percibir, desde las diferentes atalayas y fortalezas que se distribuyen por la costa almeriense, el fragor de la batalla por las escaramuzas de los piratas berberiscos e ingleses.
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